Hace uno días terminé de leer "La ética del hacker y los orígenes del informacionalismo" de Pekka Himmanen; una lectura inspiradora y un soplo de aire fresco para los que estamos cansados de la burocracia y del trabajo sin sentido. O mejor dicho: del trabajo con un sentido que no es más que el trabajo en si mismo, o el dinero.
A lo largo del libro Pekka va haciendo un contrapunto con la ética protestante de Webber, de la cual se desprende una vida sin pasión en dos planos: el laboral, (salvo que a uno le agrade levantarse de mañana para marcar tarjeta porque sí), y social.
En el laboral porque para dicha ética el trabajo es un valor (y tácitamente un sacrificio) que se cumple sin que implique una actividad creativa o valiosa: se trabaja porque hay que trabajar (como una especie de mandato divino) o porque no hay más remedio que ese si se quiere sobrevivir.
Y social, porque de tal actividad no se desprende otra motivación que vaya más allá de la banalidad, o del reconocimiento por el dinero que se gana o el puesto que se ocupa en un trabajo, en lugar de por lo que desde él se pueda aportar a los pares o una comunidad.
O sea, donde para la ética hacker "el factor organizador básico de la vida no es el trabajo o el dinero, sino la pasión y el deseo de crear algo que sea, desde un punto de vista social, valioso", la ética protestante tan solo ofrece tristes y aburridos sucedáneos que ya no sirven como incentivos.
Esos incentivos que, felizmente, en cambio sí se aprecian en un librito que anteriormente comenté, "Como una enredadera, y no como un árbol": la libertad, la creatividad, y el gusto por compartir con otros. La vida entonces según la ética hacker no se encuentra dividida en la dicotomía trabajo u ocio, (sacrificio o fiesta), sino que armoniza aspectos de ambos, (esfuerzo y creatividad), en la actividad a la que uno se dedique. El sentido del trabajo, se vuelve así, algo verdaderamente saludable y valioso.
Es el fin... pero no del trabajo, sino del sacrificio. Y puede ser el comienzo... de una nueva etapa, de un nuevo brote en la enredadera.
Pero recordando también el final de un comentario de David, resulta tremendamente interesante pensarlo junto con los acontecimientos del 15M y el análisis que los indianos hacen, en relación a un fragmento de "La Ética Hacker...":
"Parece haber una demanda creciente de este tipo de lucidez y certeza en una era como la nuestra, de complejas redes interrelacionadas y una velocidad cada vez mayor. Parece que cuanto más complejo y rápido es nuestro desarrollo exterior, mayor sea la demanda de sencillez interior".
Pekka está hablando, en realidad, sobre cómo hay una demanda importante de manuales de desarrollo personal (como los de Robbins), que son esencialmente "oraciones laicas", mantras hipnóticos. Pero sin embargo, me parece que ese mismo fenómeno (la necesidad de certezas y respuestas lo más sencillas posibles) se puede identificar con lo que pasa con movimientos como el 15M u otros, que claman no solo por ayudas del Estado, - que ya podemos discutir horas en si está bien, mal, o más o menos -, sino que también lo hacen por culpables fácilmente identificables (genéricamente los bancos, la globalización, el consumismo, etc.) ante la marabunta de acontecimientos que demuestran ser para muchos muy difíciles de comprender o de encarar. Así, quizá al fragmento que cito de Pekka se le puede sumar que no son solo la velocidad del crecimiento y complejidad de las redes lo que marea, sino el fin del Futuro con mayúscula, y del Estado y sus instituciones como referencia ineludible para construirlo. No es poca cosa... y sin embargo, si uno no quiere quedar tapado por la ola, como dice David, no es para arredrarse, sino lo contrario!
jueves, 14 de julio de 2011
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22 comentarios:
Hay un detalle quizá interesante. La mayor crítica que se le hace a la ética hacker del trabajo es que al armonizar y equilibrar la vida personal y la profesional en realidad esté subyugando la primera a la segunda. De esta forma, afirman los críticos, no hay tal equilibrio, sino una canibalización de los espacios de vida personal y disfrute por el trabajo, aunque sea un trabajo que nos deje satisfechos. Concluyen, para terminar, que eso nos impide ser verdaderamente felices, que aunque la mona se vista de seda mona se queda y que eso es trabajo, por lo que al final hay mucho trabajar y poco ser felices.
A mí entender se saltan una cosa importante. La felicidad no es la suma de una serie de momentos más o menos felices o divertidos, sino la mezcla de varios factores de magnitud diversa entre los que están los momentos felices, pero también el hecho de que esas pequeñas cosas son parte de algo más grande que, en último termino, agrega un plan maestro realmente sugerente: como vivir una vida que valga la pena repetir :)
Y un plan como ése no puede subsistir sólo a base de, pongamos, borracheras o conversaciones que sean interesantes pero de las que no salga, al menos de vez en cuando, un mínimo plan de acción para construir algo, lo que sea.
No, la ética hacker no suprime la felicidad: le da sentido :)
Qué bueno, encontrar semejantes. Yo también aprendí y disfruté mucho con ese libro. De hecho, de vez en cuando, si noto que pierdo el norte entre tanto ruido y furia ambientales, vuelvo a ese texto. Es una de mis referencias más queridas, junto a 'El poder de las Redes' de David de Ugarte y el Manifiesto Cluetrain. Respecto al punto que comenta Jose, la experiencia propia como currante-cotizante me demuestra que sí, que existe un enorme riesgo de fagocitación, de que, al final, todo sea trabajo y todo se convierta en un laaargo viernes, por usar la referencia de Himanen. Aunque, en el plano teórico, no puedo evitar hacerle un quiebro conceptual a ese planteamiento y acordarme de Rilke: cuando la vida se funde con la tarea, todo es misión. Pero, desde luego, es cierto que existe esa tensión, a veces dolorosa. Quiero decir: es a base de madrugones y madrugadas como logro pasar algunas horas respirando aire libre, alimentándome del plancton de las profundidades abisales de la Red. Sea como fuere, merece la pena. Gracias por estar ahí. Saludos.
Es verdad que no es algo tan inmediato y fácil como pensábamos en tiempos de Himanen. En esa época el principal ejemplo de ética hacker se daba en comunidades de individuos que desarrollaban proyectos interconectados, formando comunidades pero no un metabolismo económico común.
Cuando en el mismo año de salir el libro en español empezamos a construir Piensa en Red primero y las Indias después, el objetivo era claro: llevar esa lógica a una estructura estable que implica un «trabajar juntos» necesariamente más coordinado, más sincronizado que el que se da en una comunidad de desarrolladores de software libre, comunidad que a las finales no es más que una comunidad conversacional que saca un proyecto de producción adelante, pero que no carga con toda una serie de responsabilidades anexas sobre el bienestar de sus miembros o su seguridad económica ni asume tareas tan básicas como vender o pagar los impuestos de cada lado. De hecho las empresas de software libre de la época tenían poco de ética hacker en su vida cotidiana, eran empresas con asalariados normales, horarios normales e incentivos normales donde el «espíritu» se mantenía (temporalmente) como una actitud, como un mito cohesionador en el mejor de los casos, pero no informaban a la estructura y el sistema mismo.
¿Qué hemos aprendido?
1) La tensión se da en la relación entre comunidad (plurarquía) y decisión económica (democracia). La primera debe supeditarse en todo lo posible a la segunda, para ello hay que estirar hasta el límite la economía comunitaria y la clave de esto es el voto de ahorro en común: renunciar al ahorro individual, a la formación de una «bolsita», osea el poner y sacar todo del saco común, es la clave que evita la oposición entre lo común y lo individual (o de pareja) y mantiene el trabajo de cada cual en su lugar. Si entre todos construimos lo suficiente en el mercado, la estructura puede dar lo que cada cual necesita en cada momento, yendo mucho más allá de lo que nos aportaría a cada uno repartir los excedentes como salarios. En el fondo es aritmética también, porque funciona como un sistema de seguro ante los deseos de los miembros, pero no deja de tener su magia: renunciando al ahorro individual y a la propiedad de todo lo que no sean participaciones en la cooperativa, tenemos a nuestro alcance un nivel de consumo mayor. Consumo que no se materializa normalmente, por cierto, pero no olvidemos que libertad es sobre todo lo que no hacemos, que lo que nos hace sentirnos libres (y por tanto poder poner límites al trabajo que se hace para los clientes) es saber que nuestra responsabilidad con nuestros clientes produce un cierto nivel de bienestar... y por tanto poder también en un momento poner un límite al trabajo que se asume, no aceptando clientes más que en la medida en que los proyectos que hagamos con ellos generen significado suficiente para nuestro modo de vida y objetivos.
2) Conforme ganábamos experiencia, la idea de comunidad real se volvía más y más importante. Y ahí el concepto de
entorno real se volvió pronto clave: cada uno de nosotros no somos parte solamente de la comunidad indiana y por tanto necesitamos un tiempo específico e igualmente sagrado para ella (nuestros amigos, nuestros padres, nuestras familias y parejas). Eso quedó claro cuando definimos nuestro ethos en parte ante la presión de los itinerantes que nos llegaban «exigiendo» que la comunidad de conversación y de trabajo fuera no sólo generadora de contextos, proyectos y significados, sino solución a sus carencias íntimas y que, a lo bruto, les «sacáramos de marcha» como si fuera una tarea comunitaria... Inmediatamente sentimos eso como una presión obviamente, nuestro espacio/tiempo para nuestras otras comunidades y afectos no deben entrar en conflicto. Como quiera que nuestros entornos reales suelen vivir en economías «protestantes», la divisoria básica es relativamente fácil: se trata de guardarnos el espacio que ellos también tienen para nosotros (fines de semana, tardes a partir de las ocho o nueve, algunas fiestas comunes como la Navidad...).
¿Cuál es el resultado global? Por un lado una economía «comunista» interna («a cada cual según sus necesidades» -que sólo él puede juzgar) basada en la cooperativización de toda propiedad o capital, osea en la renuncia al ahorro personal, que maximiza la libertad individual con el contrapeso de la responsabilidad de cada cual en el compromiso colectivo.
Por otro una vida comunitaria intensa y enriquecedora pero limitada a unos tiempos más flexibles y cómodos pero a las finales no muy diferentes de los de cualquiera con un «trabajo normal».
¿Y eso en la cotidianidad? Pues mira, básicamente se nota en cosas pequeñas: a las 10 aproximadamente se comienzan trabajos, salimos cuando acabamos e intentamos acabar sobre las ocho. Comemos juntos todos los días pero rara vez cenamos juntos o quedamos de fin de semana si no media una visita o necesitamos tiempo juntos más distendido (como en Bilbao estos días) para poner en común vivencias nuevas o recuperarnos de los límites impuestos por la videoconferencia en el trabajo en dos y hasta tres sedes al mismo tiempo.
¿Y el «comunismo»? Para los no indianos choca por ejemplo que los indianos asumamos muchas veces gastos colectivos de nuestro dinero de bolsillo o nuestras cuentas particulares, pero si lo piensas ¿qué más da más allá de pagar un poquito de impuestos más? A fin de cuentas, cuando tu cuenta personal se quede flaquita, pasarás otro viático y recuperará su equilibrio. No tienes tu cuenta personal para ahorrar, es sólo un instrumento de consumo, nuestro ahorro toma la forma de la cooperativa, su patrimonio y sus inversiones (otras coops preferiblemente).
Mierda! Me quedó demasiado largo, tuve que dividir en tres y creo que el primer comentario no ha salido...
Amigos, muchas gracias por los comentarios.
Parece ser común a lo que los tres cuentan, que la ética hacker no es un paseo así nomás por el campo, y que no está en la práctica exenta de esfuerzo (que si no, no sería trabajo). Es decir, que se disfruta y se vive en libertad, no es solo "conversaciones interesantes".
Ese sentido que comenta José es, al menos para mí, lo que más necesario encuentro. En parte porque pienso que mi trabajo actual es... no exactamente "protestante"... pero si carente de un sentido que vaya más allá de la supervivencia.
También el método hacker, la enredadera, la deliberación, en fin, tantas otras cosas, que aparecen en "Como una enredadera..." son ausencias que allí se sienten.
Por otra parte, mientras leo los comentarios de David reconozco que la renuncia a la "bolsita" propia, es algo que en principio me cuesta un poco por esa inclinación tradicional de que es así (mediante el ahorro personal) que se logra la independencia. En contrapartida como dice al final David, el ahorro se convierte en la forma, patrimonio e inversiones de la cooperativa, que resultan en una organización genial, la comunidad con empresas, que probablemente sea más garante de la independencia que el ahorro individual. (Pero bueno, supongo que años de repetición de ese mantra no se borran de un saque)
El "comunismo" sin embargo no me genera rechazo, y me parece lo más razonable y normal dentro del esquema de los viáticos. Como decía lo que me choca más es renunciar a la "bolsita".
Posdata: David, tu primer comentario blogger lo había confundido con Spam, pufff. Afortunadamente estos días está José por acá así emprendo de una vez la mudanza a Wordpress.
Hola. Desde que hace un par de años di con el blog museo del ciberpunk español y a partir de él descubrí la existencia de los indianos, sus textos han sido para mí, sin conocer personalmente a nadie de la comunidad indiana, una especie de estallido de luz (incluso, de esperanza, por qué no decirlo) y, a la vez, un desafío apasionante que, por ahora, no me veo capaz de asumir; no sé si por cobardía o por saberme ya habitante definitivo de otros ecosistemas: la vida misma, en fin. Pero sí que entendí, como dice El Maik, la genialidad del concepto de comunidades empoderadas por empresas y su conexión con la tradición cooperativista. Y que eso tiene mucho que ver con el blindaje de la independencia de un estilo de vida en un mundo en el que, como alguna vez le he leído a David, da mucha pena pasearse por las empresas: lo que se ve ahí es triste. Cumplir y cobrar en espera del fin de semana y de las vacaciones. Importante, clave, esencial, ese metabolismo económico común, si se quiere que ese planteamiento sea serio. Y, sin duda, lo es.
Sobre las dificultades de aplicabilidad práctica de la ética hacker, me quedo con la idea del mito cohesionador: los mitos, los rlatos, ponerle nombre a las cosas, son importantes. Quiero decir: sé que la mayor parte de mi realidad cotidiana no se mueve en los parámetros de la ética hacker ni de la manera de vivir indiana. Pero gracias a que tengo a mano esas referencias puedo pensar, hacer mecanos (bricolaje) aplicables a mi trabajo diario, dotarme de un razonamiento que me ayuda a apuntalar mis enclaves de resistencia (Sabato) o de emboscadura (Jünger). Gracias a eso, tengo un lugar donde irme a lo hondo (Martín Garzo, San Juan de la Cruz). Creo, además, que es bueno que eso que con mucho respeto me atrevo a llamar pensamiento indiano encuentre interlocutores a extramuros de la comunidad indiana (pienso, por ejemplo, en el debate abierto semanas atrás sobre la esencia de fondo del movimiento 15M). Eso es bueno para quienes no somos indianos y para quienes sí lo son.
Y, sí, es verdad. Cada uno tenemos nuestra vida. Encuentro muy lógico que la gente que acude a los indianos a veces llegue pidiendo soluciones a sus carencias más íntimas, como dice David: por ahí hay un montón de soledades que anhelan ser compartidas (y creo que la ceremonia de la confusión edulcorada que se vive hoy en las plataformas más concurridas de la Red se explica en parte por eso). Pero, desde luego, la misma lógica tiene que la comunidad indiana explique muy clarito que su historia no va de eso: el itinerario indiano no es una familia de acogida para niños perdidos ni un campamento para desencantados con sed de aventura de fin de semana. Pero es que, hay que reconocerlo, vuestro discurso, David, destila sex appeal por todos los poros. ¡Es muy atractivo!
En fin. Muchas gracias por darme este espacio para compartir: una conversación inteligente es un regalo valiosísimo en estos tiempos. Buena suerte a los tres. Os sigo por el RSS de Las Indias. Abrazos.
@Maik: ahora en un ratito comienzo a componer un post en la bitácora del Arte con lo que ha ido saliendo en estos comentarios, creo que es importante y al menos a mi, me está haciendo tener una reflexión chula.
@Alfonso: Gracias! Gracias por mostrarte, por aportar y sobre todo por leernos así, en serio. De verdad que necesitamos esos interlocutores «extramuros» más de lo que parece. Si la piel no respira y el aire va en ambas direcciones (y nuestra piel es nuestra RSS) uno se asfixia. De hecho y supongo que les habrá pasado a los demás indianos que hayan leido tu comentario, estoy tremendamente sorprendido de que hables de nuestro sex-appeal... muchas veces -y el 15m ha sido todo un ejemplo- nos da la impresión de todo lo contrario!
¡Bueno! ¡Pero uno desatiende esto un par de días y se encuentra tremendo e interesante debate! :)
Es cierto que el riesgo del largo viernes está ahí, hay rachas que son un tremendo viernes. Lo cual no impide que uno se vaya a la cama pensando que si no fuera así el aire no sería tan fresco, como bien dice Alfonso.
Y es que el problema no sea que todo sea una cosa a medio camino entre la búsqueda de un camino y el disfrute de su recorrido, sino la falta de un sentido para todo ello: ¿para qué andar? Y ahí entroncamos con la comunidad que menciona David, y con los mitos que nos aportan el relato siempre necesario (porque sin mitos no podemos vivir: se trata de escoger entre mitos propios o ajenos).
En fin... qué buena lectura para comenzar un domingo :)
Ya está publicado el post prometido
Bueno, no me queda más remedio que intentar explicarme (y lo hago con gusto) sobre eso del 'sex appeal' de los indianos que, al parecer, tanto sorprende a David ;). Dejo para otro día quizá comentar el post en blog de El Arte de las Cosas, nacido a raíz de nuestro debate-conversación aquí: me resulta menos 'urgente', aunque, por supuesto, no menos intersante.
A ver. Antes de ponerme a comentar le he echado un vistazo a las reflexiones en torno al 15M recogidas en el blog de David: parece que las discrepancias/beligerancias/roces que aparecen ahí pueden entenderse como una refutación a eso que llamo 'sex appeal' del discurso indiano. Y ahora me explico, animado por la generosidad de David para abrir la conversación a extramuros de la comunidad indiana:
Uff, segunda parte de mi comentario:
Por qué es atractivo ese discurso. Bien. Parto de mi experiencia personal, aunque supongo que esta perspectiva ya la conocéis en tanto que debe ser parecida a la que plantea un aprendiz en los primeros pasos del itinerario indiano. I suppose. Sólo eso.
Primero: me sorprendió muy hondamente, y me gustó mucho, al ir conociendo los textos indianos, el respeto por la Historia, la identificación nítida de que en el estudio de la Historia hay una verdad no sólo aprovechable en términos prácticos, sino esencialmente nutricia, alimentadora de relatos (Jose) y cimiento de razonamientos. Y eso, para quienes habitamos en un mundo de mindundis, abajofirmantes y bienpensantes de segunda mano, es maravilloso, vive Dios.
Segundo elemento: las palabras (el relato, otra vez). Es chocante al asomarse a los textos indianos la proliferación de conceptos que, de entrada, parecen artificiales, preciosistas, enrevesados: la filé, el demos, el viático, el itinerario, los aprendices, los maestros, la fides, el lobo, etc. ¿A qué juegan estos muchachos? Me preguntaba en mis primeras lecturas. Pero después, ah, después, caí en la cuenta de un porqué que explicaba todo esto, como la clave de un acertijo: esta realidad es tan nueva, quiero decir, las personas que la viven tienen una conciencia tan radical de estal viviendo algo propio, suyo, que el lenguaje convencional no sirve. Es más: estorba, contamina, distorsiona. Al menos desde fuera, eso es lo que explica que en Las Indias haya una gobernadora, no una CEO (con perdón de Natalia, a quien admiro aunque no conozca). Palabras nuevas para realidades que necesitan saberse nuevas. Pero, ojo, palabras nuevas con raíces muy hondas en la Historia. Y eso (ahí va mi segundo argumento de por qué hay sex appeal en ese discurso), me habla, nos habla a mucha gente, de romper con la mugre mediocre, de darse una especie de baño lustral, de tener piezas nuevas con las que construir cosas nuevas.
Tercero: funciona. La cosa indiana funciona. Vuestro esfuerzo os habrá costado, os está costando, aunque hayáis encontrados apoyos valiosos en el nacimiento y en el camino: eso se entrevé en vuestros relatos. Y si funciona, si esto no es toreo de salón, si se confronta con la vida real, la vita visuta de los italianos... pues hay esperanza en que es posible otra manera de vivir. ¡Eso es sex appeal!
Tercer comentario y último:
Y ahora, el contraste: si sois tan atractivos, porqué no están aporreando las masas de gruppies las casas indianas. El miedo, la pereza y, también, la existencia de otros universos: no sois la triaca sanadora. Ni, afortunadamente, lo pretendéis. Sólo queréis vivir a vuestro aire. Eso me encanta, aunque cuando esa actitud salta a la visibilidad pública, no se traduce tanto como querencia a la privacidad de la propia existencia como quitarse de enmedio, no estar. Pero, insisto: eso no es problema vuestro. Si es un problema, lo es del observador exterior. Un observador que no ha aprendido aún a conversar: 15M, el fallo de primero convocar y luego intentar deliberar. En fin.
Por motivos de trabajo, viví en primera persona el fracaso de la lectura mediática de la primera manifestación, la del 15M: los medíos creían que allí habría cuatro perroflautas desubicados pero luego, al volver los redactores a las redacciones, quedó patente que allí había más, mucho más. Y que los medios no supieron digerirlo: precisamente, habían dejado de ser medios para ser audiencia. Comenté el asunto con algunas personas de mi entorno y abrimos un doc compartido en Google para comentar la jugada con serenidad, fuera del mäelstrom twittero, con informaciones de calle de las manifestaciones y posteriores acampadas de Madrid y Sevilla. Efectivamente, se echaba de menos como 'fase previa' la deliberación. Estaba el estallido, el swarming, el enjambre, pero se notaba que no se había dado un proceso deliberativo previo a fondo. Al pasar a ese grupo de gente el enlace al blog de David, donde cabía esperar (desde un prejuicio superficial) que allí se interpretaría el asunto, pero no se cuestionaría, la sorpresa fue divertida. Efectivamente, me faltaba esa clave: el 15M pide, en esencia, más Estado. Vale, a tomar nota del asunto. Pero (y ahí cobra fuerza la idea de las conversaciones a extramuros)creo que, si al personal en general no le da la vida para pensar, quizá sería posible, desde un cierto sentido de la misericordia (muy dostoievski, sí), gastar ciertos esfuerzos proactivos, por responsabilidad ética con el entorno, en darle a la gente posibilidades, conceptos, herramientas. No estoy pensando tanto en esa guarrería llamada responsabilidad social corporativa como en, por ejemplo, la actitud de los maestros de la Institución Libre de Enseñanza y de las andanzas lorquianas de La Barraca. Eso, en cierto sentido, también es ética hacker, ¿no?. Quiero decir, y ya termino: los indianos tienen muy claro qué es el devolucionismo, pero con vivirlo no es suficiente. Creo que por responsabilidad ética hay que pensar en algo más. No sé muy bien qué. By the way, si hace falta echar una mano en esa tarea, no me voy a quitar de enmedio: por aquí me tenéis.
En fin, vaya rollo que me he marcado. Pero tenía ganas de contaros todo esto: no andamos muy sobrados de interlocutores por los lares en los que me muevo habitualmente.
Abrazos.
"esta realidad es tan nueva, quiero decir, las personas que la viven tienen una conciencia tan radical de estal viviendo algo propio, suyo, que el lenguaje convencional no sirve."
Es que desde mi lugar de itinerante, a mi también me parece que es tal cual así. Y igual que a vos, y supongo que a un montón, al principio me resultaba chocante, "¿qué es esto?"
Pero la razón para que eso sea así, creo que es lo que comentás. Hablando con David una vez me decía algo así como: "¿si no ( si no es creando nuevas palabras, contextos, relatos), cómo vas a construir conocimiento?".
Y tenía y tiene razón. Nunca podríamos hablar de cosas nuevas, salir de lo que otros ya han pensado para si (aunque con demasiada fercuencia con pretensión de que sea para todos), si no hubiera esa creación de significados que los indianos hacen.
"pues hay esperanza en que es posible otra manera de vivir." Efectivamente, yo también lo espero! :D
Aprovechando que El Maik sigue comentando, que para eso estamos en su casa :), intentaré explicar el contrapunto de esa percepción de lo atractivo del discurso indiano desde fuera a raíz del debate del 15M. Quise hacerlo ayer, pero la caja de comentarios me expulsaba una y otra vez (la maquinita debe haberse enterado de que no soy una compañía muy recomendable, jejejee). A ver si ahora puede ser. Intentaré, aunque sea desde fuera, ayudar a construir conocimiento con el relato, como dice El Maik.
Por motivos de trabajo, viví en directo el fracaso estrepitoso de la lectura que hicieron los medios de comunicación de la primera gran mainfestación simultánea, la del domingo 15M. A los redactores se les envió a la calle con el esquema previo ya hecho de que allí se iban a encontrar con cuatro perroflautas desubicados y poco más. Al volver a las redacciones contando que allí había la previsible protesta 'marginal' pero que también estaban ocurriendo más cosas, los medios se bloquearon. No supieron cómo reaccionar; más adelante, han aprendido a manejar el discurso, precisamente (y eso creo que es un fallo clamororo del movimiento) porque los manifestantes reclamaban atención mediática. Pero, desde el punto de vista de los medios, lo que había ocurrido era inédito: los medios habían dejado de ser medios para convertirse en audiencia. Y eso hizo saltar por los aires las ya maltrechas estructuras del discurso mediático.
Bien. Esa misma tarde, abrí un doc compartido en Google con unos amigos para comentar el fenómeno y seguirlo en los primeros días, con informaciones directas de las acampadas de Sevilla y Madrid. Entre otras referencias, aporté a ese pequeño grupo de debate el pequeño pandemonium de comentarios que se había formado en el blog de David al hacerse evidente desde el discurso indiano dos cosas: el 15M en realidad pedía más Estado y sí, quizá habría habido swarming, enjambre, pero es un error convocar sin haber desarrollado antes un verdadero proceso deliberativo entre iguales, o al menos, algo parecido. En realidad, y ahí está lo que digo de que no hay contradicción entre el sex appeal de los indianos y las ampollas que levantó su planteamiento ante el 15M, lo que creo que ocurre en gran medida es que la gente no estudia, no hace los deberes: la vida del currito de a pie no da para pensar y el sistema educativo actual se ha encargado de hacerlo 'innecesario'.
En este sentido, una de las reacciones en mi grupo de debate fue una queja por esa actitud de los indianos: son la vanguardia, no pueden quedarse en una torre de marfil, tienen que alumbrar el camino. Lo cual, ya lo sé, cuestionaría de entrada algunos a priori esenciales, como el hecho de que los indianos no quieren salvar a nadie de nada, sólo quieren vivir su vida en paz. Y eso tan maravilloso de que 'si vale para nosotros, pues ya está, nos sirve'. Ok. Pero me atrevo a plantear una pequeña impertinencia: la inteligencia, para ser fecunda, necesita de un compromiso ético con el entorno. Muy Dostoievski, sí, pero qué le vamos a hacer: sólo desde la misericordia se puede vivir en paz. Y ahí me parece fundamental la articulación de esas conversaciones a extramuros de la comunidad indiana que comentábamos más arriba. Tener sex appeal no es exactamente ser popular, ni famosete, ni gurusear por ahí. No tengo muy claro qué se podría hacer. Desde luego, no estoy pensando en guarrerías del tipo responsabilidad social corporativa. Ni en la diseminación del discurso indiano a través de los contactos de sus proyectos empresariales o de la participación en foros más o menos institucionales. No lo sé. Pero sería muy bueno que la gente pudiera acceder a esos yacimientos de ideas más allá de que los textos estén accesibles para quien los quiera leer. Ya digo, no lo sé. Pero aquí me tenéis para echar una mano en eso si fuese menester. Gracias again. Abrazos.
Pues fíjate Alfonso que no había leído esta mañana tu último comentario y justamente por ahí va la reflexión que me abría. Nosotros echamos de menos no tanto el tener cientos de aspirantes a itinerantes golpeando la puerta (pues la verdad es que tampoco podríamos integrarles hoy) sino tener un entorno real mayor y más rico. Nuestro problema es que la estructura que tenemos para eso, la Biblioteca, es muy dependiente de invitaciones de otros, que además o son muy reiterativas («oooooooootra vez con el centralizado/descentralizado/distribuido») o siguen puras modas según una agenda que no es la nuestra. O sea, nos hace falta más «terraformación» y entiendo que es lo que sugieres... pero fíjate, hablas de la devolución, no te vayas tan lejos, con la Neutralidad de la red no conseguimos hacer otro acto que el que organizamos nosotros mismos en Madrid, con «La amenaza de los dioses» nos está pasando tres cuartos de lo mismo... y si lo piensas es lógico: el entorno geográfico nuestro son ciudades y a las finales estamos sólo en tres, de las cuales una (Madrid) es especialmente mal plaza precisamente por su tamaño... en fin, le sigo dando vueltas y prometo postear.
Terraformación, dice David. Jo. Eso es, sí. Tengo la sensación de estar explicándole a Noé en qué consiste la lluvia, así que, por favor, sed indulgentes, jejejejeeeeeeee.
Los grandes números no funcionan aquí, ya lo sabemos. Soy muy escéptico ante las posibilidades benéficas de la ingeniería social, de la influencia masiva, no me creo mucho la capacidad de regeneración de las instituciones. Creo que eso tiene que ver no tanto con el tamaño de una posible comunidad como con el hecho de que, en realidad, las comunidades reales son escasas y/o viven alejadas del pim-pam-pum galáctico-político-mediático-publicitario. Más que comunidades, hay copos de pesca atrapados en estructuras conectoras más o menos benevolentes, parques temáticos con apariencia de selva aventurera. Y ahí, hay poco que hacer: es lo que he aprendido a llamar, en su expresión en clave Internet, estratos superficiales de la Red, que pueden ser muy espesos, como una banquisa polar. Buscando otras cosas hay que irse a lo hondo, a los niveles de profundidad abisal. Realmente, emigrar. Creo que esto puede ayudar a entender por qué un debate de calidad planteado en torno a la neutralidad de la red al final no tiene su expresión de calle, 'éxito': la gente no piensa. No se ha ido a vivir realmente a Internet como una manera de encontrar ese aire libre que ya no existe en los ambientes 'tradicionales' de la 'era industrial'. Pero, insisto, los indianos 'molan'. Sólo que eso de la neutralidad de la red es un asunto complicado y que me pilla de lejos: vampirizo, consumo y listo. Cuando se acabe la fiesta, ya me montarán otra.
Me he dado de cabeza una y otra vez contra esta tozuda realidad: el personal vive con un par de ideas de segunda mano sacadas del manual de estilo de Micky Mouse, experimenta la celebración del buen rollito en Twitter y la excitación del picante travieso en Facebook y punto. Es lo que hay. Lo que hay ahí. Es verdad que, en buena medida, todos somos la gente y en ese sentido, hay lazos de semejanza entre quienes intentamos echarle a esto un poco de sentido y quienes simplemente pululan por la Red. No vamos a profetizar el Apocalipsis para nadie, ayudaremos ahí en lo que podamos. A fin de cuentas, son nuestros amigos, conocidos, familiares, compañeros de trabajo. Pero no es mi historia.
Y ya termino:
¿A dónde ir, pues? Donde esté la gente que no ha sido aún secuestrada por esos discursos. Y que, además, vive en comnunidades reales. Eso me orienta directamente en mi contexto hacia las bolsas de población que se quedan atrás en la denominada brecha digital, preferiblemente en el ámbito rural (comunidades pequeñas y antiguas).Con mucho esfuerzo, buena compañía y grandes esperanzas he conseguido llegar hasta aquí . En eso estoy, step by step. Sin prisas y sin deudas. Ése es el esquema que entreveo, al menos en mi caso: acompañar desde los lazos establecidos con comunidades pequeñas y no enloquecidas aún por lo que llamo, con perdón, veo-veo-mamoneo de Internet, ese afán de notoriedad enfermizo asociado a la lógica de los cupones descuento. No es mucho y me siento un poco como un neanderthal enseñándole a hacer fuego a un ingeniero nuclear, pero, bueno, como dice un fontanero de mi barrio, para compartir no hay que tener; sólo hay que dar.
En esencia, creo que lo que podéis hacer es lo que estáis haciendo: tres ciudades, no trescientas. Primero las personas y la deliberación, luego la construcción de proyectos. ¿Por qué no aplicar eso mismo no tanto en clave de marcas geográficas como de grupos sociales? Creo que para quienes todo esto es una manera de vivir, no un negociete, hay una ventaja: no hay presiones de balances de resultados, no hay que llenar salones de actos ni salir en los periódicos. Ir a la gente que habita en las bolsas ciegas del sistema (se quedaron atrás, sí, pero eso no es necesariamente malo en todos los sentidos) y aprender de esas personas, de su sentido de comunidad; y, si quieren, si entienden que todos somos huéspedes de los otros (Steiner o San Pablo, lo mismo me da), acompañarles desde lo que hemos aprendido.
Espero ese post al que le estás dando vueltas, David. Gracias por la generosidad paciente de esperar a que mis razonamientos vayan y vuelvan cuando tú ya estás más que aposentado en el regreso. Bye.
Me pongo a ello! Es un tema pendiente y me da que por diversos motivos empezamos a trabajar mejor en Montevideo que en Bilbao y en Bilbao que en Madrid... y hasta en Montevideo tengo dudas de que nos vaya a llegar el aliento... así que creo que nos toca autocrítica :)
Y aquí está el post prometido
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